martes, 1 de julio de 2014

Me pregunto (Segunda parte)

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 La ventana se nubla con mi respiración. Mis ojos quieren ver más allá de ese vidrio pero les es imposible conseguirlo. Ayuda de mi brazo, y puedo ver el mundo perfectamente. Pero, ¿qué hay? Nada. Autos viniendo, y yendo todo el tiempo. ¿Hacia dónde se dirigen? ¿De dónde vienen? Quizás a sus hogares, a lo de un ser amado, o a lo de un familiar o amigo que vayan a visitar. Todos los peatones que circulan por la calle, veo pasar aproximadamente diez personas por cuadra, ni hablar de una avenida, que fácilmente llegará a las veinte. Unas doscientas, trescientas personas que van rumbo hacia sus destinos. ¿Por qué?
Me inquieta no tener una respuesta. Pero es lo que me genera la tan temida pregunta ¿Para qué?

 Una chica linda se levanta de su asiento, va hacia al fondo y avisa que se baja en la siguiente parada. Me desconcertó un poco, era realmente muy linda, pero me hizo perder entre mis pensamientos, y me generó uno que me puso los pelos de punta.

 ¿Si vivimos en tiempos pasados, por qué "estamos" en este juego y no en uno anterior? ¿Por qué? ¿Por qué estoy viendo ese auto y no una carreta de siglos pasados? ¿Acaso la vida es como una competición de natación por equipos? ¿Algunos nadan y otros esperan su turno? Lógico que no tengo ninguna respuesta, pero al parecer me tocó el momento de nadar.

 Otra vez. Me inquieta que el colectivo se esté llenando, mucha gente, le tengo que dar el asiento a alguien mayor y no me dejan terminar el ejercicio de mi locura. Sube gente en cada parada, y baja otra en la misma. ¡Cuanta gente hay en el mundo! Suerte que ya viene mi parada y decido bajarme.

 Frío. Noche. Y me bajo en una heladería. Soy de los tipos que gustan de los helados aún en épocas de frío. Pero hoy no, no va a ser el día. Camino hacia mi casa, me quedan aún cuatro cuadras en silencio, con la oscuridad y la calle desierta  frente a mis ojos. Llego a mi casa finalmente, inserto la llave en la puerta y abro. Que lindo, que calor. Así da gusto llegar y ver que la comida está casi lista. Dejo la mochila en mi habitación y me acuesto en la cama mirando el techo de mi cuarto. ¿En qué estaba pensando? Ah sí, el por qué. En fin, es algo que jamás sabré. Espero saberlo algún día. No tengo prisa igual. Si decide bajar y contármelo mejor. Total, lo que tengo para nadar es realmente largo. Al menos, quiero yo que sea así.